Tengo la sensación de que lo pierdo todo. Pierdo las llaves, el coche, la orientación, el tiempo, la memoria, los papeles, los bolis, etc.…
Soy un desastre, me pone nerviosa, pero también me hace gracia. Supongo que me pasa por tener muchas cosas en la cabeza, o no prestar atención, o que se yo…
Lo que no me imaginaba y me empieza a pasar, es perder amigos.
De la noche a la mañana he perdido a uno. Aun no sé bien si fue por la calle, en el coche, en el restaurante, de día o de noche. La cuestión es que no está. Lo buscas y buscas y alguna vez te parece encontrar una pista, un rastro, algo. Pero nada. Intentas recordar en qué momento se perdió, pero no recuerdas o no quieres recordar. Todo ha pasado delante de mis narices y ni me he enterado.
Parece que encuentras nuevos amigos, pero te da miedo conocer a gente y si los vuelves a perder que…al final no quedará nadie.
Al final piensas, tan mala amiga soy que pierdo amigos. O son los amigos, los que en realidad no lo son y fingen perderse.
Encuentras palabras a veces, pero solo son palabras. Yo no creo en ellas, creo en hechos.
Ha llegado un punto que hasta yo estoy perdida. Mi cerebro es igual que un laberinto, busco respuestas y no atino con el camino hacia ellas.
Y al final acabo pensando que no vale la pena pensar y que ojalá perdiera el mal rato que estoy pasando, pero eso, no lo pierdo.
El tiempo pone a todo en su sitio. Eso claro, si no pierdo el sitio también….
De momento y con vuestro permiso la que se va a perder por un tiempo soy yo. A ver qué tal se me da.
HANNAH JONES

Desde esta mañana que he visto tu foto y he leído la noticia, que te tengo en mi mente.
Dios mío, que mirada más triste. Que injusticia más grande y que valiente eres.
Por nada del mundo querría estar en la piel de tu madre. Tienes todo el derecho a decidir sobre tu vida. Sin embargo como madre te digo que si yo fuera la tuya, seguiríamos luchando. No dejaría que decidieras irte con 13 años. Eres una niña, aunque la enfermedad te ha hecho madurar demasiado deprisa.
Imagino lo duro que tiene que haber sido una infancia entre 4 paredes de hospital sin amigos, con quimioterapia, vómitos y sin cabello.
Eres consciente de todo lo que te vas a perder?. No sabes con seguridad si todo saldrá bien, los médicos son humanos, y como tales se equivocan.
Quiero imaginar que la vida es un paso hacia la muerte, y que ésta por desconocida es fantástica. Me niego a creer que sólo somos materia y desaparecemos. Tiene que haber algo más. Sino de que nos sirve todo…
Desde esta mañana, mis problemas, ansiedades y tristezas me parecen tonterías.
Ojalá pudiera darte un beso y un abrazo bien fuerte.
Solo puedo desearte un feliz viaje sin retorno. Y si hay otra vida o lo que sea, que encuentres tu infancia perdida.
DE SIRENA A PRINCESA
Cada año desde hace nueve, por estas fechas recuerdo tu llegada al mundo.
Recuerdo que la noche que rompiste la pecera, habíamos estado jugando al dominó, bebiendo cava y riendo mucho. Yo no podía parar de reír y tu padre bebió más de la cuenta y se fue a la cama. Yo me tumbé en el sofá y de repente un dolor muy intenso rompió la pecera en mil pedazos….. Me asusté, era consciente que en pocas horas te tendría en los brazos y me asustaba, pero al mismo tiempo me moría de ganas.
Que rápido fue todo. Y que rápido han pasado los años.
Recuerdo cada uno de tus cumpleaños y el cómo has ido cambiando, ya no solo físicamente, sino en la forma de jugar, comportarte, etc.…
A los 4 años te apunté a ballet y después a gimnasia rítmica, eso te ha hecho unas piernas y espalda recta, un bonito cuello y dulzura en los movimientos.
A los 4 también empezaste con música. Has sacado el oído de tu padre y que bien cantas. No me he perdido ninguna de tus actuaciones.
Y eres tan cariñosa, de donde sacas todos los besos que das, siempre tienes escondido alguno más.
Tienes unos preciosos ojos que no te caben en la cara y una sonrisa engatusadora.
Eres la hechicera de mi corazón.
Desde el momento de nacer que hueles a vida y eso me hace ser fuerte y luchar.
Pronto muy pronto mi bella sirena, encontraremos nuestro sitio de nuevo y volveremos a compartir nuestras noches de mujeres, nuestras mañanas de secretitos, nuestros juegos de Arguiñano en la cocina y nuestros bailes en el comedor, que bien que lo hemos pasado en ese mundo que hemos creado.
El tiempo te ha cambiado, ahora ya no eres sirena, ya eres princesa, pero siempre serás la reina de mi corazón.
T’estimo molt Judith.
La Mami
SIRENA SIN MAR
Se de una sirena que una vez huyó del mar. No podía soportar más las mareas y los temporales.
Llevó consigo a su sirenita y dejó tras de sí muchos sueños rotos.
Empezó una nueva vida sin sueños, sin esperanzas, sin futuro. Solo con el presente. El pasado había desaparecido y el futuro, no pensaba en el futuro, lo dejaba en un rincón guardado.
Poco a poco fue perdiendo la cola de sirena. Ya no pensaba en el mar. La ciudad y todo lo nuevo la deslumbró. Había tantas cosas por aprender….
Conoció mucha gente. Gente nueva con muchas historias por contar y ella quedó fascinada. La gente iba y venía. Y ella seguía allí, mirando por la ventana y con los ojos bien abiertos.
Un día un trovador, se paró bajo su ventana. Y le empezó a contar historias de la tierra, donde no había mar. Eran bellas historias, historias escritas con la cabeza, pero contadas con el corazón.
Cuantas más historias le contaba, más quería escuchar ella. Hasta que un día, al asomarse a la ventana, el trovador ya no estaba. Le esperó un día, dos, tres…pero el trovador no volvió. Tan sola se sintió, que las lagrimas empezaron a manar de sus oscuros ojos y al resbalar por su mejilla, notó de nuevo el sabor del mar. Lloró, lloró lo que no había llorado desde hacía tiempo. Su desconsuelo era tan grande, que nada la podía calmar. Solo el trovador. Pero no había nada ni nadie bajo su ventana. Lloró horas, días, noches enteras, hasta que no quedó ninguna lágrima. Y al asomarse de nuevo a la ventana, vio que sus lágrimas habían formado un mar bajo ella y a lo lejos se dibujaba la silueta de un barco que se aproximaba.
Cuando por fin reconoció en ella a su trovador, sus ojos se iluminaron como dos estrellas.
Al acercarse, el trovador le dijo que nunca más llorara tanto. Que el siempre volvería, pero que había más gente que quería escuchar sus historias.
Su error había sido contarle tantas seguidas. Y a partir de entonces solo le contaría una de vez en cuando y que no todo eran historias en la vida. Tenía que dejar de mirar por la ventana y soñar y empezar a mirar de frente a la vida.
Cuantas más historias le contaba, más quería escuchar ella. Hasta que un día, al asomarse a la ventana, el trovador ya no estaba. Le esperó un día, dos, tres…pero el trovador no volvió. Tan sola se sintió, que las lagrimas empezaron a manar de sus oscuros ojos y al resbalar por su mejilla, notó de nuevo el sabor del mar. Lloró, lloró lo que no había llorado desde hacía tiempo. Su desconsuelo era tan grande, que nada la podía calmar. Solo el trovador. Pero no había nada ni nadie bajo su ventana. Lloró horas, días, noches enteras, hasta que no quedó ninguna lágrima. Y al asomarse de nuevo a la ventana, vio que sus lágrimas habían formado un mar bajo ella y a lo lejos se dibujaba la silueta de un barco que se aproximaba.
Cuando por fin reconoció en ella a su trovador, sus ojos se iluminaron como dos estrellas.
Al acercarse, el trovador le dijo que nunca más llorara tanto. Que el siempre volvería, pero que había más gente que quería escuchar sus historias.
Su error había sido contarle tantas seguidas. Y a partir de entonces solo le contaría una de vez en cuando y que no todo eran historias en la vida. Tenía que dejar de mirar por la ventana y soñar y empezar a mirar de frente a la vida.
Lo último que le dijo, fue…Si necesitas mi mano la tendrás.
Sólo una vez necesitó su mano, pero su amistad la tuvo toda la vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)